cuadernos de lo indomiciliado

"Una vida que no puede separarse de su forma es una vida que, en su modo de vivir, se juega el vivir mismo y a la que, en su vivir, le va sobre todo su modo de vivir. ¿Qué significa esta expresión? Define una vida la vida humana en que los modos, actos y procesos singulares del vivir no son nunca simplemente hechos, sino siempre y sobre todo posibilidad de vivir, siempre y sobre todo potencia. Los comportamientos y las formas del vivir humano no son prescritos en ningún caso por una vocación biológica específica ni impuestos por una u otra necesidad; sino que, aunque sean habituales, repetidos y socialmente obligatorios, conservan en todo momento el carácter de una posibilidad, es decir ponen siempre en juego el vivir mismo… es decir en cuanto es un ser de potencia, que puede hacer y no hacer, triunfar o fracasar, perderse o encontrarse." (Agamben, 2001: 18).

Los cuadernos de lo indomiciliado son aleaciones, fortuitos encuentros, incluso roces, presiones, donde, lo que se hace, se marca, es la mella, no la huella, sino la mella, el eco, el tránsito de los ecos, la multiplicidad de lo que pierden en su recorrido, la transformación de sus fuentes, la oscilación ab-errante. Los cuadernos son lo que se posa y fuga, se huye, deja espacio para lo inexistente, ex-cede, como la ladera de una duna por donde se accede a la playa.

Estos son los cuadernos. Son donde se posa lo que se roza, se toca, se detiene y fuga.

Luis Guerra

"La marche errante : Une autre marche existe enfin, tout aussi géographique, mais comme sans souci des frontières, plus proche de l’idée de désert, de région ou de localité : la marche errante. Ici le degré de grandeur importe peu, ainsi que le suggère Jean-Daniel Pollet dans Dieu sait quoi, où le cinéaste, filmant inlassablement l’intérieur de son salon par des allers-retours sur travelling, qualifie cet espace de « territoire très vaste ». Rendus à leur état de désert, les milieux de l’errance offrent au marcheur la pratique de la circumnavigation, autorisant l’arrêt, le retour, la digression, l’évasion. La marche la plus dénuée de quête, la plus sensible à tout ce qui peut se percevoir comme présence physique du monde - sa musicalité, son mystère indicible et ses jaillissements de beauté ou de douleur. D’où naît une image immuable, souterraine et aérienne, une image qui n’est pas l’image communicante ni l’imagerie qui en découle. C’est une marche errante qui arrive, sans la chercher, par coïncidence miraculeuse, vers l’image dite autiste, comme le propose Deligny." (http://debordements.fr/Image-autiste-parole-errante-1-3)

“Une tentative n’est pas une institution en ce sens que la tentative est un petit ensemble, un petit réseau très souple qui se trame dans la réalité comme elle est, dans les circonstances comme elles sont, allant même à la rencontre d’événements assez rares qui ne peuvent pas être créés arbitrairement. (…) Car s’il est quelque chose auquel les enfants psychotiques sont allergiques, c’est au fait exprès : ils nous voient venir de loin.” 

(Deligny, 2007: 705).

no hay historia no hay lenguaje

lo que pende fuera del lenguaje pende fuera de la historia, hace su anarchistoria apropiada, e inexiste en su intensidad apropiada. In-atrapable, se escab(h)ull(y)e por todo pasillo de estatalidad, de resituación, de domiciliación. Indomiciliado aquello que se pone en fuga, como la tortilla inatrapable que canta, como la figura del cantautor que señala y brinca hacia un lugar de la historia a la espera, que espera, la acción de una historia a ocurrir, misma señalación la de Borges.

Victor Jara, Vamos por ancho camino, 1972.

Director: Hugo Arevalo

Y a la espera de la ocurrencia, lo que acontece puede ser el absoluto desaparecimiento. el punto aquel de fuga se desertifica, es anudado a la intemperie y se le deja al abandono del que solo una memoria, quizás incluso sea el caso solo la judicial, una entrada en la palabra del estado propio, en dónde se anide la insostenible figura de lo que ya no existirá más. Un tiempo que es todo su retorno en la sombra grisácea de los aparatos. Entre los sordos ecos que se cruzan en el ambiente establecido por la maquinaria de guerra, los ecos hacen sus orificios invisibles, atraviesan como materiales fantasmagorías a la espera también ahora de posibles curvaturas convocadas por la insistencia de determinados, también, cruces de cuerpos.

Cruces que exponen zonas de aparecimientos, de re-aparecimientos. Cruces de cuerpos que componen campos energéticos en dónde lo in-inscriptible se re-inscribe, a pesar, a pesar de la magma-noche de los militares, llamémosles a todos ahora militares, no queda sino darles esa sentencia que los despoje de los otros, y los mantenga en la alocución maquinaria, no así la de los aparatajes biológicos. Cruces son los que hacen de esto la aracnéida donde se recoge a veces la proyección de un acontecimiento del que parecía todo falta. la falta se forma ahí en esa hondura conformada por los muchos cuerpos.  

La Aracnéida